Todo arde. Crónica de una lectura sin frenos, parte 2.

Esta es la continuación de la primera parte, que puedes leer aquí la parte 1.

Lo terminé. Y mi veredicto cabe en tres palabras: libro de avión.

Lo cual tiene su gracia, porque lo compré en un aeropuerto.

Conviene aclarar que eso no es un insulto. "Libro de avión" es una categoría real, con sus reglas y su oficio. Capítulos cortos que puedes leer entre una turbulencia y otra. Un ritmo que no te deja abandonar. Personajes que entiendes en dos páginas y una trama que avanza sin pedirte que recuerdes nada de lo anterior. Escribir así es difícil. Que parezca fácil es precisamente el mérito.

Gómez-Jurado sabe hacerlo. Tres millones de ejemplares no se venden por accidente.

En la primera parte de esta crónica dejé una pregunta abierta: por qué la fantasía de perderlo todo conecta con tanta gente. Después de terminar el libro creo que la respuesta está en el formato tanto como en la premisa.

Tres mujeres sin nada que perder hacen lo que el lector no puede hacer. Y ese lector, mientras las acompaña, tampoco tiene nada que resolver. Está sentado, sin decisiones que tomar, con las próximas horas ya decididas por otros. La fantasía de soltarlo todo funciona mejor cuando quien lee ya soltó, aunque sea durante un rato, el control de su propio día.

Eso me parece lo más interesante del asunto. El libro no solo cuenta una historia sobre liberarse. Se lee en el estado mental que esa historia describe.

Ahora lo honesto. Pasados unos días, los personajes no se quedan. La trama tampoco. Recuerdo que lo disfruté sin recordar del todo por qué. Y la tentación es leer eso como una crítica.

No lo es, o no del todo. El libro nunca prometió quedarse. Prometió acompañar, entretener y no soltarme hasta la última página, y cumplió las tres cosas. Pedirle memoria a largo plazo es pedirle algo que nadie le pidió.

Hay una idea bastante extendida de que un libro solo vale si te transforma. Que si no subrayaste nada, no sirvió. Me parece una exigencia agotadora y bastante injusta. Existen libros que te cambian y existen libros que te acompañan un rato, y los segundos no le deben explicaciones a nadie.

Este era de los segundos. Y para un vuelo largo, o para cualquier semana en que la cabeza no dé para más, eso vale.

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Todo arde. Crónica de una lectura sin frenos, parte 1.