Todo arde. Crónica de una lectura sin frenos, parte 1.

Hay libros que uno compra porque están en todas partes. En el aeropuerto, en la librería del barrio, en la mesita de noche de tres personas distintas que conozco. Juan Gómez-Jurado lleva años en ese lugar incómodo para cualquier lector con ciertos esnobismos literarios: el autor más vendido de España, con más de tres millones de ejemplares de sus libros en circulación, un podcast con millones de oyentes, y una capacidad para generar conversación sobre libros que pocas personas en este país han tenido.

Todo eso me generaba cierta resistencia. Lo reconozco sin orgullo.

Lo compré de todas formas, y llevo unos días con él. Todavía no terminé. Y eso, en sí mismo, ya me dice algo.

La premisa es simple: tres mujeres que lo perdieron todo, incluso el miedo, deciden hacer algo al respecto. Una exejecutiva bancaria que se convirtió en chivo expiatorio de un sistema que le debía todo. Una exlegionaria traicionada por la institución a la que dedicó su vida. Una hacker brillante que el mundo decidió ignorar. Las tres, en el punto más bajo, se encuentran y forman algo que no debería funcionar y que de alguna manera funciona.

Lo que me interesa no es el argumento en sí, que tiene toda la velocidad y el ritmo cinematográfico que le reconocen sus lectores, sino la pregunta que hay debajo. ¿Por qué esa premisa, mujeres que lo perdieron todo y por eso son peligrosas, conecta con tanta gente?

Hay algo en la idea de que perderlo todo te libera que resulta universalmente atractivo. No porque la gente quiera perderlo todo, sino porque la mayoría carga con demasiado y lo sabe. Demasiadas cosas que proteger, demasiados vínculos que no quiere romper, demasiadas consecuencias que calcular antes de hacer lo que en el fondo considera correcto. Las tres protagonistas de Gómez-Jurado ya no tienen nada de eso. Y eso las vuelve capaces de lo que el lector, sentado en su sillón, solo se atreve a imaginar.

El thriller funciona como género, en parte, porque le permite a quien lee hacer exactamente eso: imaginar sin consecuencias. Es una zona franca emocional. Puedes acompañar a tres mujeres que rompen todas las reglas y volver a tu vida sin haber roto ninguna. El placer es vicario y eso no lo hace menor.

Lo que me parece más curioso del fenómeno Gómez-Jurado, más allá de la calidad literaria sobre la que hay opiniones para todos los gustos, es lo que dice sobre cómo leemos hoy. Tres millones de ejemplares en un país donde el porcentaje de lectores habituales lleva décadas siendo motivo de lamento entre los sectores culturales. Eso no se explica solo con marketing. Algo en su forma de contar historias, los capítulos cortos, el ritmo que no da respiro, la sensación de que siempre pasa algo, conecta con una manera de procesar el entretenimiento que se parece mucho a cómo consumimos series o podcasts.

No termino de saber si eso es bueno o malo. Probablemente las dos cosas.

Volveré cuando termine el libro. Tengo la sospecha de que tengo más preguntas que cuando empecé, y eso me parece suficiente razón para seguir leyendo.

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La historia no se va de vacaciones. Nosotros sí.