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Todo arde. Crónica de una lectura sin frenos, parte 2.
Lo terminé. Y mi veredicto cabe en tres palabras: libro de avión. Lo cual tiene su gracia, porque lo compré en un aeropuerto. Sobre por qué esa categoría no es un insulto y por qué no todos los libros tienen que quedarse.
Un ateo fue a Mongolia a preguntarle al Papa si los muertos se reencuentran. Yo, que sí creo, no habría tenido el valor.
Javier Cercas, ateo confeso, viajó hasta Mongolia con el Papa Francisco con una sola pregunta. Lo que encontró ahí dice más sobre la fe que muchos libros de teología. Una lectura desde la orilla del creyente.